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Facebook Twitter domingo 17 de diciembre del 2017 17-12-2017

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Biografía

foto del                         autor

RODOLFO WALSH

(9 de enero de 1927 )

Nombre completo

RODOLFO WALSH

Edad

90 años

Nacionalidad

Argentina

Lugar de nacimiento

Choele-Choel, Lamarque, Río Negro

Ocupación

Periodista y escritor

Lengua materna

ESPAÑOL


Rodolfo Jorge Walsh (n. Lamarque, Río Negro, Argentina; 9 de enero de 1927 - desaparecido en Buenos Aires; 25 de marzo de 1977) fue un periodista, escritor, dramaturgo y traductor argentino que militó en las organizaciones guerrilleras FAP y Montoneros.

Walsh era descendiente de irlandeses, nació e en Lamarque (hasta 1942 "Nueva Colonia de Choele-Choel"), provincia de Río Negro, Argentina.
Llegó a Buenos Aires en 1941 para realizar sus estudios secundarios. Completados estos, comenzó a estudiar filosofía y letras1 pero abandonó para emplearse en los más diversos oficios: fue oficinista de un frigorífico, obrero, lavacopas, vendedor de antigüedades y limpiador de ventanas. A los 17, había comenzado a trabajar como corrector en una editorial, germen de su oficio de periodista, en el que habría de destacarse.

En 1951 comenzó a trabajar, para la Editorial Hachette, en las revistas Leoplán y Vea y Lea.
Meses después de producidos los fusilamientos clandestinos en el basural de José León Suárez por órdenes del gobierno de la "Revolución Libertadora", recibió la información de que había "un fusilado que vive".

Luego de su encuentro con Juan Carlos Livraga, el sobreviviente de aquellos fusilamientos, Walsh escribió un libro sobre esos hechos:
"Esta es la historia que escribo en caliente y de un tirón, para que no me ganen de mano, pero que después se me va arrugando día a día en un bolsillo porque la paseo por todo Buenos Aires y nadie me la quiere publicar y casi ni enterarse".
Al fin, del 15 de enero al 30 de marzo de 1957, consiguió la publicación en el pequeño diario nacionalista Revolución Nacional. Luego, del 27 al 29 de junio, publicó nueve artículos más en la revista Mayoría de los hermanos Tulio y Bruno Jacovella, por cuya recomendación, Walsh se presentó en el Estudio Ramos Mejía donde funcionaba el semanario Azul y Blanco donde pidió hablar con el Dr. Marcelo Sánchez Sorondo quien dirigía esa publicación.
Así apareció la primera edición del libro Operación Masacre, con el subtítulo "Un Proceso Que No Ha Sido Clausurado", de Ediciones Sigla, sostenida por Jorge Ramos Mejía, propiedad de Sánchez Sorondo, una pieza única de investigación periodística precursora del "nuevo Periodismo" que 15 años después, en filmación clandestina y militante fue llevada al cine.
Su obra recorre el género policial, periodístico y testimonial, con libros que alcanzaron gran difusión como Quién mató a Rosendo o Caso Satanowsky.
La novela Operación Masacre dio comienzo a lo que hoy se le llama Periodístico Narrativo o Novela Testimonio, aunque se haya dicho que su creador fuera Truman Capote por la novela A Sangre Fría escrita en 1966, 9 años más tarde.

Cuando el cadáver de Carla de Velde apareció en el estudio de Duilio Peruzzi, un rumor localizado peroirreversible, como un hilo de agua entre rocas, aseguró en los medios artísticos y literarios de la ciudadque el ya célebre pintor había consumado el más hábil de sus trucos publicitarios. Algunos llegaron aafirmar que toda su anterior carrera propendía a esa culminación perfecta y asombrosa. Otros, másprudentes o vengativos, declamaron que Peruzzi había llevado a extremos dogmáticos la pronunciadanecrofilia que se había advertido en sus últimos cuadros. Sus más peligrosos admiradores observaronque la muerte de Carla de Velde y las circunstancias que la rodearon eran los elementos de la más pro-digiosa obra de arte de nuestros desacreditados tiempos...A todos ellos el gran Duilio respondió haciendo publicar en un periódico de vanguardia su efigie de ro-mano antiguo, exornada por la legendaria y flamígera barba caldea, de indignado vértice, flexionado elbrazo izquierdo e intercalado el derecho entre brazo y antebrazo, en porteñísimo gesto de desdén yrepulsa. Aquella fotografía, tomada en un corredor de Tribunales, donde Peruzzi aparecía entre dossonrisas desconocidas, catalizó las más enconadas y pintorescas reacciones.Tres galerías de la calle Florida y una de la calle Santa Fe inauguraron simultáneas exposiciones de lasobras de Peruzzi. De los doscientos cincuenta cuadros y dibujos en que se calculaba su producción hastaese entonces, se vendieron en pocas semanas más de doscientos, lo que demuestra la rápida inventiva yel fervor artístico de los agentes. Resucitaron viejos afiches y bocetos de propaganda en los que se ad-virtió de pronto el incipiente toque genial de quien por un instante inconcebible eclipsó en el ánimo delpúblico la notoriedad de Picasso y Matisse, de Dalí y Chirico. La Nación publicó en su suplemento domi-nical una reproducción a toda página de su inmortal goyesca interpretación de un tema de Kafka, en queel célebre personaje de La metamorfosis se jactaba de una reconocible semejanza con un ilustre personaje de la vida política internacional. La Nación fue brevemente clausurada por perturbar determina-das relaciones diplomáticas pero todos elogiaron su sacrificio en aras de la verdad pictórica y cívica.Otros periódicos y revistas ilustradas de tendencias más crasamente sensacionalistas descuidaron elaspecto artístico del caso en beneficio del meramente policial. Obedeciendo a leyes periodísticas taninescapables como las que rigen el mundo de los fenómenos físicos, recayeron en previsibles reminis-cencias de Gastón Leroux, y con un ágil salto de la imaginación bautizaron aquel nudo de circunstanciaspérfidas con el título de El misterio del cuarto escarlata. Título que proponía dos negligibles falacias, unade orden pictórico, otra simplemente descriptiva: la de suponer un cuarto cerrado por dentro.Porque en realidad, el caso de Carla de Velde, para los que quisieron ver en él un halo de misterio, fue elexacto reverso de aquel problema clásico: un cuarto cerrado por fuera, Y para los que, como el comisa-rio Jiménez, se negaban a esos bruscos improntus de la fantasía, algo tan evidente como la misma luz.La descripción que Carmen Sandoval, casera del edificio, hizo de la escena del crimen, merece a pesar de su discutible origen un lugar de privilegio entre los más meditados “Infernos” de las literaturas occide n-tales. Yo propongo que se retenga su nombre junto a los del Dante y Beckford, May Sinclair y su tem-prano vástago: Jean-Paul Sartre.Con esta diferencia: el horror se desprende de los hechos, no de las balbucientes palabras que la Sando-val, inculta y aterrorizada, pronunció ante los pesquisa.