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APORTES PARA EL DEBATE SOBRE LA LEY DE EDUCACIÓN NACIONAL.
Desde la voz de los chicos / as, y desde la experiencia de articulación entre
ONG e instituciones educativas; en zona de pobreza estructural.
AGOSTO 2006
INTRODUCCIÓN:
El presente
documento busca ser un aporte al debate convocado en torno la Ley de Educación
Nacional, elaborado desde la perspectiva y el trabajo en el ámbito educativo de
la Asociación
Civil El Arca; una ONG de la localidad de Moreno, provincia de Buenos Aires, que
lleva adelante distintos proyectos vinculados a la promoción
y protección
de los Derechos de niños,
niñas y adolescentes. En ese marco, partimos de reconocer a la Educación como
un derecho, que debe ser garantizado por el Estado.
Para comenzar,
desarrollaremos algunos puntos que consideramos de importancia con relación a la
modalidad y los contenidos con los que ha sido propuesto este debate por parte
de las autoridades. No es posible ningún debate fecundo sin contextualizar el
marco en el que se lo convoca.
En segundo
término, nos centraremos sobre el primer eje propuesto por el documento de
debate: “Garantizar que todos tengan acceso y permanezcan en el sistema
educativo”. Incluiremos las opiniones al respecto de los chicos / as de
primer ciclo de EPB de dos escuelas públicas de Cuartel V; y reflexionaremos
sobre algunas prácticas favorecedoras de la inclusión que desarrollan centros
comunitarios y escuelas de la zona.
Finalmente,
presentamos algunas conclusiones relacionadas con aquellos aspectos que a
nuestro criterio debiera contemplar una política educativa con verdadero
espíritu inclusivo.
Desde nuestra
experiencia de trabajo junto a diferentes instituciones educativas, en una de
las áreas más pobres del conurbano bonaerense, (en el que, según el censo de
2001, el 93% de los jóvenes de entre 15 y 19 años con NBI no alcanzan más que un
nivel educativo de "secundaria incompleta”);
el debate participativo y la elaboración de medidas estructurales que garanticen
la inclusión real
nos parecen cruciales para una política educativa que verdaderamente se proponga
garantizar “una educación de calidad para una sociedad más justa”.
¿QUÉ DEBATE
SE NOS PROPONE?
El punto de
partida
A pesar de la
gran cantidad de estadísticas
disponibles sobre el funcionamiento del sistema educativo, y sobre la
trayectoria de los argentinos de diferentes franjas etáreas
en su interior (ver datos del SIEMPRO, censo 2001); el documento de debate
propuesto por el Ministerio de Educación,
Ciencia y Tecnología
carece de datos que permitan visualizar la situación
nacional de la educación,
o identificar los problemas más
acuciantes a los que debería
dirigirse la política
educativa. Tal como señalan
Sirvent y otros (2006),
esto constituye una gravísima atemporalidad y ahistoricidad en el planteo del
debate, y de la propia Ley de Educación Nacional.
Es impensable
que se convoque a aportar ideas para dicha ley desde el completo vacío
de información
sobre la situación
educativa real de los argentinos. No se proporciona, pues, un punto claro de
partida para el debate. Tampoco se busca incluir como tal las opiniones,
vivencias y experiencias de los sujetos que actúan
en diferentes
ámbitos
relacionados con lo educativo. Se proponen simplemente ejes de debate vinculados
a un diseño
pre-fabricado de medidas con poca articulación orgánica entre sí, que parecieran
responder al mismo tipo de lógica fragmentaria
de la tan discutida Ley Federal de Educación.
El punto de
llegada propuesto
Así,
lo planteado en los ejes de debate propuestos por el documento reviste un nivel
de generalidad tal que podría
ser aplicable a cualquier
época,
a cualquier contexto y desde cualquier política
educativa. Al no situar
la realidad de la educación
en nuestro país,
no permite ni dilucidar los principales problemas
ni
delinear
sobre bases empíricas estrategias posibles para su abordaje.
Esto lleva a la
engañosa sensación de que los problemas que se plantean hoy en la educación
argentina tienen un carácter “natural”, o responden a “errores de
implementación” de la ley federal de educación. No se propone ni habilita la
reflexión crítica acerca del modelo neoliberalista y neoconservador (“neo –
neo”) al que respondió la reforma educativa argentina de los noventa, al igual
que el resto de las reformas educativas latinoamericanas de esa década.
¿Será realmente posible que, al interior de dicho modelo, pueda existir una
educación que garantice la equidad?. Las cifras de la población en “situación
educativa de riesgo”
(es decir, todos aquellos que fueron expulsados del sistema educativo formal
antes de completar la educación secundaria), como por ejemplo el 71% de los
jóvenes de 15 a 24 años del país, según datos del censo 2001, demuestran
taxativamente que no.
Como no se
orienta el debate a una discusión verdadera acerca de hacia qué modelo de país y
de ciudadano queremos apuntar con nuestra política educativa, la educación queda
despojada de su carácter político, y planteada como una serie de acciones y
estrategias fragmentadas. Ellas no responden a una política educativa orgánica,
que garantice mecanismos estructurales conducentes al acceso a una educación
permanente para todos los habitantes. En otras palabras, el debate propuesto
pareciera apuntar una vez más a cambios de forma y no de estructura; inscriptos
sobre un sistema “neo – neo” que permanece intacto. Esto permite suponer que el
punto de llegada será exactamente el mismo punto en el que estamos hoy tan
dolorosamente parados.
¿Un debate
amplio y fecundo?
La
convocatoria al debate ha generado, ciertamente, que actores de diferentes
sectores vinculados a la educación se reunieran a discutir sus puntos de vista o
los expresaran y difundieran. Asociaciones y agrupaciones de la comunidad,
académicos, gremios, asociaciones civiles, ciudadanos, hacen circular sus voces
y opiniones. En la provincia de Buenos Aires, el ministerio de educación ha
convocado diferentes actores a mesas de debate sobre temáticas focalizadas. Es
realmente valiosa la reflexión y el “movimiento” con relación al tema que la
convocatoria al debate ha generado. Señala ciertamente que la demanda social por
una educación que garantice el crecimiento de los individuos y del país es muy
real (sabemos que para ello la política educativa debe ir acompañada de fuertes
cambios en la política social, económica y de salud).
Sin embargo, ni
los tiempos ni la forma en que ha sido convocado el debate permiten que sea
verdaderamente “amplio y fecundo”. Mucho menos, que sea realmente participativo:
§
Los tiempos:
El cronograma propuesto por el documento de debate prevé
un mes para el “debate general, encuestas de opinión,
jornadas en escuelas” (p.56). En el caso de los docentes, esto se plasmó
en la práctica
en una o a lo sumo dos jornadas en las que se los convocó
a “debatir” en torno a los ejes propuestos por él. Pero al menos en la provincia
de Buenos Aires, dicho documento llegó
a las escuelas con sólo dos días
de anticipación
a la jornada prevista. Las opiniones e impresiones que hemos relevado al
respecto en diferentes
ámbitos,
van desde el desgano y la falta de interés
a la indignación
de los maestros. Señalan
con razón que es imposible participar realmente de debate alguno si no se prevén
tiempos que permitan la lectura profunda de los ejes propuestos. Se sienten
involucrados en un “como si” de debate que entra en la cadena del “más de lo
mismo”. En cuanto a los padres de alumnos, la jornada prevista para que sumaran
su opinión (la cual además no ha sido “enriquecida” por documento alguno, sino
relevada a través de una encuesta) fue suspendida en la provincia de Buenos
Aires. Docentes de otras provincias relatan situaciones similares. Esto sucede
tanto en el ámbito de las escuelas públicas como en el de las privadas. Una
verdadera inclusión participativa de la comunidad en este proceso supondría
tiempos para plantear las propias ideas al respecto de la temática, tiempos para
debatirlas (incluyendo las ideas propuestas por los actores gubernamentales,
pero situándolas en el concierto de las posibles), tiempos para relevar la
situación de la que se parte, tiempos para informarse, tiempos para reflexionar
sobre los fundamentos de la política educativa que se desea (no simplemente
sobre algunos puntos aislados), tiempos para tomar decisiones. Garantizar esos
tiempos supone planificar y sostener un “debate” de al menos un año. En el mes
escaso previsto para la “consulta”, es imposible que la participación real
acontezca.
§
La forma:
Los instrumentos mediante los que supuestamente se abrió el debate a la
comunidad fueron una encuesta de opinión y el foro habilitado en el sitio web
del ministerio de educación. En el primer caso, se trató de preguntas centradas
sobre algunos aspectos de interés para los encuestadores, que por su forma
cerrada y dirigida no permitían relevar los intereses de los encuestados. En el
segundo, es una obviedad señalar que sólo una minoría de la población tiene
acceso a la tecnología y los conocimientos que les permitan sumarse de esa
manera. También cabe volver aquí sobre la falta de diagnóstico sobre la
situación educativa del país: sin información ni reflexión sobre ella no hay
debate posible.
Finalmente,
quisiéramos señalar que no se ha previsto en la convocatoria a debate sobre la
Ley de Educación Nacional el generar los espacios y las estrategias pertinentes
para que puedan sumar su voz por un lado aquellos que cotidianamente vivencian
los efectos de su funcionamiento (especialmente los niños / as y jóvenes
que transitan las instituciones educativas); y por el otro las personas que por
diferentes motivos han sido expulsadas del sistema educativo o nunca fueron
incluidas (por ejemplo, el 71% de los jóvenes de 15 a 24 años del país, según
citábamos arriba) y que, justamente por ello, tienen mucho para aportar a la
construcción de la política educativa.
La
participación real supone tiempos y formas que habiliten a los diferentes
sujetos a sumar sus diferentes saberes, y a tener parte en la toma de decisiones
sobre una determinada temática. El debate así planteado, pues, no es ni amplio,
ni fecundo, ni participativo. Si se lo quisiera pensar desde el ángulo de la
participación, la propone sólo de manera engañosa.
Es importante
también advertir que se trata, al fin, de un debate improductivo (por lo menos
para los fines para los que se lo convoca): no permite relevar realmente las
opiniones e ideas de los diferentes actores acerca de la política educativa.
Además, produce en las personas un efecto de enojo por ser convocadas a una
participación ficticia, y realimenta la sensación de desencanto y hastío que
opera como obstáculo frente a cualquier propuesta de cambio: “total, no va a
cambiar nada... es siempre lo mismo... mucho palabrerío, pero después no te
dejan”.
PENSANDO
DESDE LA VOZ DE LAS CHICAS Y LOS CHICOS
No resulta
curioso, aunque a un observador ajeno por completo a la lógica
escolar posiblemente le llamaría
fuertemente la atención,
el que no se busque de forma sistemática
y esforzada incluir la voz de los chicos y las chicas en el debate por la Ley
Educativa Nacional. Ellos son la mayoría
de las personas a las que las prácticas
educativas y una ley que las regule y ampare están
destinadas. Pero no resulta curioso el que no se los consulte porque, tal como
señala
agudamente Ignacio Lewkowicz (2004) al referirse a la producción del concepto de
“niño” por parte de las instituciones modernas:
“los niños están excluidos del pensamiento... el niño está tutelado porque nace
desamparado y las instituciones lo amparan... en tanto que niños están excluidos
pues sólo están incluidos en tanto portadores de madurez posterior. (...) Así,
las instituciones (...) no reconocen una voz propia de los chicos, sólo pueden
interpelarlos desde su relación con un adulto”.
Pero las chicas
y los chicos sí tienen una voz propia, “clara y distinta”. Para que puedan
expresarla y construir pensamiento y decisiones junto al resto de los actores
involucrados, es necesario que los adultos generemos el espacio y los
dispositivos apropiados. No es de la misma manera que debatimos los adultos y
los chicos / as, ni el poder de hacer oír y ser tenida en cuenta nuestra voz o
nuestras opiniones está igualmente repartido.
La Convención
Internacional de Derechos de los Niños,
Niñas y Adolescentes
establece que ellos son “Sujetos de derecho” capaces de opinar y participar en
las decisiones relacionadas con asuntos que los afectan (arts. 12 y 13). Se
trata de un derecho que les debe ser reconocido. Pero que esto no haya sido
considerado en un sistema que los denomina “alumnos” no resulta curioso. ¿Qué
claridad es esperable de alguien a quien se concibe “sin luz”, sin saberes ni
ideas propios? El niño y el alumno coinciden en la lógica de la modernidad como
construcciones que se retroalimentan entre sí, y de ninguno de ellos se espera
pensamiento.
Pero, caída la
modernidad como productora de sentido, si nos corremos de esa lógica,
va de suyo incluir en el debate para una ley que garantice “una educación
de calidad para una sociedad más
justa” la opinión
de los chicos
y chicas que asisten a las escuelas. Queremos reseñar brevemente lo expresado
por ellos / as en un taller realizado en el primer ciclo de dos escuelas
públicas de Cuartel V,
una zona de pobreza estructural ubicada en el partido de Moreno (cono urbano
bonaerense). Participaron del taller ocho divisiones de 1er año de EPB, nueve de
2do y ocho de 3ro. En cada división hay aproximadamente 35 chicos / as.
Se trabajó
sobre el primer eje del documento de debate para la Ley Educativa Nacional:
“Garantizar que todos tengan acceso y permanezcan en el sistema educativo”;
mediante dos dinámicas diseñadas para permitir a los chicos / as expresar su
pensamiento al respecto. Se les presentaron imágenes
y se les pidieron dibujos.
Se seleccionó este eje pues a nuestro criterio atraviesa a todos los demás ejes
propuestos para el debate, y porque además resulta lo suficientemente cercano a
los chicos para poder emitir opiniones fundadas en su vivencia cotidiana del
“poder ir a la escuela” y de la escuela a la que van.
Presentamos una
breve descripción
y un somero análisis
de las opiniones de los chicos / as relevadas. Queremos destacar que los datos
en que nos apoyamos para ello constituyen lo que, en el marco de un taller,
hemos podido construir a partir de las verbalizaciones y producciones gráficas
de los chicos / as. Corresponden a las representaciones que los chicos / as han
ido construyendo en su paso por la escuela y a la posibilidad de inferirlas de
quienes sistematizamos el material.
Para poder
ir a la escuela
Lo primero que
constatamos a través de sus intervenciones, es que los chicos / as cuentan con
mucha información acerca de las problemáticas sociales que entraman el problema
de la inclusión.
Para ellos, la
pobreza y las situaciones que trae aparejadas son el mayor condicionante de la
posibilidad de asistir y permanecer en la escuela. Lo relacionan principalmente
con poder adquirir ropa y útiles. No hacen ninguna referencia a una concepción
del Estado como proveedor de alguno de estos elementos. La responsabilidad de
ello recae sobre los padres (en algunos casos, el padre varón), y los chicos /
as sugieren el cartoneo como forma de “trabajar” para “poder comprar” los
elementos que necesitan. Es interesante pensar que estas representaciones de los
chicos / as están construidas sobre su cotidianeidad, y que si bien tienen
información sobre la problemática de “los pobres”, no aparece en sus opiniones
información sobre las responsabilidades del Estado para con ellos, ni tampoco de
los mecanismos que se supone hay en funcionamiento para aliviar la situación
(por ejemplo, los materiales didácticos que llegan a las escuelas por diferentes
planes educativos o que, en este caso particular, provee la ONG con la que
articulan algunos proyectos). Podríamos hipotetizar que ni estos niños ni sus
padres activan colectivamente formas de garantizarse los medios para que puedan
asistir a la escuela más allá de la posibilidad personal de conseguirlos o no;
al menos no de tal forma que “melle” las representaciones de los chicos / as al
respecto. Nos preguntamos por la manera en que la escuela y particularmente el
Estado ponen esta información a disposición de la comunidad.
Proponemos
que la Ley de Educación nacional garantice, sobre todo en poblaciones que viven
en condiciones de pobreza estructural, la posibilidad de que todas las aulas
cuenten con el material necesario
para que los niños / as que asisten a ellas puedan utilizarlo colectivamente
para el trabajo que allí se les propone. Esto requiere no simplemente la
entrega a las escuelas de material didáctico pertinente y suficiente, sino
también la posibilidad de diseñar estrategias que garanticen que este esté
disponible en las aulas para el uso común de los chicos / as. Ello se
articula con la necesidad de garantizar en las escuelas espacios de reflexión
sobre las prácticas para los equipos directivos y los cuerpos docentes,
previendo horas pagas para ello.
Otros aspectos
vinculados a la problemática social que aparecen en las opiniones de los chicos
/ as son el trabajo infantil y las enfermedades, que les impiden asistir a la
escuela. Los chicos se pronuncian contra del trabajo infantil, reivindicando
como obligación propia el juego y el ir a la escuela. Rescatando estos aportes
de los chicos / as, pensamos que una Política Educativa verdaderamente inclusiva
debiera tener un fuerte acento en la implementación de formas estructurales y
coordinadas de incluir a los chicos / as que quedan excluidos por estas u otras
causas. Vemos que hay intentos de hacerlo (como el plan “todos a estudiar”),
pero al ser fragmentarios y “satelitales” con respecto a las instituciones en
las que se los implementa, y contar con muy poco sostén estructural por parte
del sistema educativo, no cumplen con sus objetivos y se transforman en un
cúmulo de intentos y formalismos. El problema de “los que están afuera de la
escuela” debiera ser parte integrante del trabajo cotidiano de todos los actores
institucionales, pero solo podrá serlo si es sostenido en mecanismos
estructurales garantizados por la política educativa. Volvemos a señalar aquí la
importancia de la articulación de esta con la política social, la política de
salud y la política económica. Dice Patricia Redondo (2004): “Las
estrategias institucionales para retener a estos alumnos que desertaron en algún
momento de su trayectoria escolar no siempre logran su cometido. La mayoría de
las veces este objetivo queda limitado a los esfuerzos aislados por parte de los
maestros y la escuela. Se diluye, entonces, el lugar del Estado y su capacidad
de intervención para garantizar la escolaridad de esta franja de la niñez en
condiciones de pobreza extrema y el maestro queda como única expresión de aquél
con posibilidades de acción e intervención, aunque limitadas a las de cada
escuela”.
Otro gran
núcleo de problemáticas que se recortan en la opinión de los chicos sobre el ir
a la escuela es la posibilidad o no de cumplir con las normativas escolares. Es
interesante que las normas aparecen como inamovibles, y condicionan la
posibilidad de asistencia. Nos llama profundamente la atención cómo, en las
representaciones de los chicos / as, las normas funcionan como un parámetro de
inclusión / exclusión. El que no hace la tarea, se porta mal o repite termina
dejando de ir a la escuela. Es curioso cómo la responsabilidad del hecho queda,
para ellos, del lado del niño / a. Nos hace preguntarnos por las posibilidades
de la institución escolar de co-pensar con ellos en torno a qué pasa con las
reglas, para qué sirven, qué alternativas a la exclusión hay para los que no las
cumplen, y sobre quiénes recae fundamentalmente la responsabilidad de que su
cumplimiento garantice a todos la posibilidad de aprender... ¿Estar incluido
depende de poder cumplir con la tarea, de tener buena conducta, de pasar de
grado? ¿Puede la ley educativa nacional habilitar mecanismos que ayuden a la
institución escolar a imaginar otras formas, creativas y atentas a la
diversidad, que incluyan de manera “real” (es decir, más allá de la mera
asistencia del niño / a)? Son preguntas que atraviesan todos los días las
prácticas de quienes trabajan en el ámbito educativo, y que la política
educativa debiera apuntar a responder instalando una lógica de la
participación que favorezca la inclusión real.
Ciertamente no
desconocemos la dificultad que plantea a los maestros el trabajo con grupos de
más de 30 alumnos /as, lo cual hace casi imposible atender a la diversidad y
tiempos de aprendizaje de cada uno. Pensamos que una ley nacional de
educación debiera garantizar la infraestructura y presupuesto necesarios
(incluyendo los nombramientos y salarios docentes) para concretar la normativa
de divisiones de no más de 25 alumnos, y habilitar la reflexión de los actores
institucionales sobre la responsabilidad propia de la institución para
incluirlos de tal forma que realicen un paso exitoso por sus aulas.
También debiera garantizar a las escuelas los espacios, infraestructura y
recursos humanos necesarios para poder elaborar propuestas transformadoras que
ofrecer a los chicos / as que no “encajan” en lo que la institución escolar
define como norma (grado acelerador, proyectos áulicos alternativos, seguimiento
a través de la reflexión informada de los equipos docentes, talleres, etc.).
Los chicos /as
se ubican en un lugar de dependencia de los adultos para poder garantizar la
posibilidad de asistencia a la escuela. Si los padres no los llevan, claramente
no pueden asistir. Es interesante cómo la posibilidad de los padres de llevarlos
aparece vinculada a las problemáticas de su vida cotidiana que a veces les
impiden hacerlo: la falta de recursos para proveer alimentos o útiles, la
distancia (que, en el caso de estos niños, muchas veces está representada por la
intransitabilidad de las calles que deben recorrer para llegar), los padres que
no están porque trabajan los dos.
Pensamos que
la inclusión escolar no puede quedar librada a la “voluntad” de padres que viven
en condiciones de pobreza estructural, y que el tipo de discurso que la atribuye
a ella es perverso y engañoso. El estado tiene la obligación de prever y
garantizar mecanismos sociales / institucionales que los ayuden a sostener la
escolaridad de sus hijos
(micros, asfalto, relevamiento de necesidades reales, inclusión de los padres en
la gestión de los recursos de las escuelas para pensar estas problemáticas y
resolverlas conjuntamente de formas que realmente les sean útiles).
Una escuela
a la que poder ir
Al dibujar “la
escuela ideal, para que todos los chicos puedan ir”, los chicos / as se centran
en cuestiones de infraestructura más que de contenido. La gran mayoría dibujó la
escuela que tienen, no la que les gustaría, y lo que dibujaron es el edificio
escolar. Algunos agregan a ese edificio otras características diferentes a las
que la escuela “real” a la que asisten posee. En sus verbalizaciones al
respecto, aparecen muchas referencias a cómo les gustaría que fuera la escuela,
sobre todo respecto de las relaciones maestra / o – niños / as, a las relaciones
entre compañeros / as y a lo que le agregarían al edificio de la escuela.
También aparecen referencias al tipo de infraestructura con la que les gustaría
contar en la escuela (biblioteca, cancha de fútbol, museo), y a lo que les
gustaría que la escuela les brinde o les proponga hacer.
Si bien la
propuesta de dibujo fue dirigida a grupos de seis chicos, entregando un afiche
por grupo, una cantidad significativa de los chicos / as trabajaron de manera
individual: cada uno dibujó una escuela en un pedazo del afiche. En una menor
cantidad de casos, los niños / as lograron ponerse de acuerdo para la
realización de una producción grupal.
Haciendo un
análisis “a vuelo de pájaro” de estos datos, vemos que en las representaciones
de los chicos / as de primer ciclo vinculadas a “la escuela ideal”, se mezclan
las condiciones concretas de la escuela a la que asisten con la posibilidad de
imaginar otra escuela posible. Pensamos que es necesaria la posibilidad de
vivenciar en alguna medida experiencias diferentes para poder imaginarlas, y nos
consta que en el caso de la mayoría de estos niños / as el acceso a ellas es muy
limitado por diversas razones. También es limitada la posibilidad de la escuela
de ofrecérselas, y sin embargo es enorme la potencialidad que tiene para ello.
Una Política Educativa verdaderamente inclusiva debiera garantizar y arbitrar
todos los medios posibles para que esa potencialidad se transforme en acto.
Queremos dejar
constancia de algunas observaciones que sirvan de punto de partida para pensar
cómo ofrecer a los chicos / as una escuela “en la que todos estén incluidos”:
-
En las
representaciones de la escuela expresadas por los chicos (tanto gráfica como
verbalmente), el “edificio” cobra mayor relevancia que las interacciones entre
las personas.
-
Esas
interacciones están en su mayor parte vinculadas al “trabajo escolar”, y son
muy limitadas, cobrando mayor relevancia el producto de dicho trabajo
(cuaderno, pizarrón) que el proceso de aprendizaje.
-
Los chicos /
as agregarían a la escuela espacios vinculados a las modalidades de
aprendizaje propias de su edad: el juego, la investigación, la exploración de
acuerdo al propio interés. Es sumamente interesante este “llamado de atención”
que nos hacen a los adultos: para aprender, los chicos / as lo hacen jugando,
explorando (y no copiando, ni repitiendo...). Esto que señalan ellos es
sumamente coherente con las teorías genéticas del aprendizaje,
que ellos no conocen, y que tanto se han propuesto en las capacitaciones
docentes.
-
Les preocupan
las interacciones armoniosas con maestras y compañeros.
-
La comunidad
(padres) casi no aparece representada como actor vinculado a la escuela.
-
En todos los
dibujos de los chicos aparece el deseo de que en la escuela haya espacios
verdes, con juegos, con animales... que permitan vincularse con la naturaleza.
Tomar en cuenta
estas opiniones de los chicos / as para pensar la política educativa, la ley
nacional y las prácticas posibles en las que ésta se plasme supone apartarse de
la lógica que guía los cambios en política educativa latinoamericana. El
mercado, lo económico y lo tecnocrático ya no pueden ser elegidos como faros que
guían la política educativa argentina. Para una verdadera “educación de
calidad”, y mucho más si realmente hay voluntad política de construir “una
sociedad más justa”, se deben priorizar la participación, la escucha de los
sujetos y habilitación de oportunidades de crear, transformar y decidir de
acuerdo a sus capacidades y posibilidades, habilitando los espacios, recursos e
infraestructura necesarios para que todos / as puedan hacerlo.
DEBATIR SOBRE LA INCLUSIÓN
Un botón de
muestra:
El Proyecto
“Escuela para todos” de la Asociación Civil El Arca trabaja con diferentes
instituciones educativas (centros comunitarios y escuelas públicas) de la
localidad de Cuartel V, partido de Moreno; con el objetivo de “mejorar la
inclusión educativa de los niños y niñas”.
Las
estadísticas de deserción y repitencia de Cuartel V, al momento de comenzar el
proyecto (año 2003 con los centros comunitarios, y 2004 con las escuelas), no
diferían de las correspondientes al resto del país.
Cada año, figuraban como desertores el 10% de los chicos / as inscriptos en los
registros de primer ciclo. Asimismo, repetían entre el 20 y el 25 % de los niños
/ as que cursaban este ciclo. Esto quiere decir que, cada año, cada escuela
terminaba el año con aproximadamente 25 niños / as “repetidores” en primer ciclo
(¡un grado completo!!), y con aproximadamente 36 chicos / as que, habiendo
comenzado el año
lectivo en algún curso de primer ciclo, habían dejado de concurrir.
Si bien la
actual Ley Federal de Educación establece la obligatoriedad de cursar sala de 5
años (nivel inicial), 13 años después de su promulgación el Estado aún no
garantiza la oferta de este nivel para todos los niños / as en edad de cursarla.
En Cuartel V funciona sólo un establecimiento estatal de nivel inicial, que
abrió sus puertas en el año 2004, con matrícula para aproximadamente 40 niños /
as de “sala de cinco”. Considerando que cada año ingresan en 1º año de la
escuela pública unos 400 niños /as; la cobertura se ofrece, pues, solamente al
10% de los niños / as que la requieren.
Son los centros comunitarios del barrio los que ofrecen servicios de “jardín de
infantes” para la inmensa mayoría de los chicos / as.
Los seis
centros,
durante 2005
tuvieron entre todos una matrícula total de 547 chicos / as: de ellos desertaron
durante el año 142 niños / as (26%).
Con relación a las elevadas inasistencias (considerada como ocho o más faltas
por mes), hubo en esa situación 167 chicos / as, conformando un 41% de la
matricula total (restándole a ésta los 142 chicos / as que desertaron).
Prácticas favorecedoras de la inclusión real
El punto de
partida para el trabajo con cada institución contempló la situación expuesta
arriba, y comprometió a los diferentes actores a reflexionar sobre sus causas y
las prácticas posibles tendientes a disminuirlas. Por supuesto, la repitencia y
la deserción no dependen únicamente de causas relacionadas con las prácticas de
las instituciones educativas. Mucho menos en un contexto de pobreza estructural,
en el que la comunidad no tiene garantizadas las necesidades básicas.
Sin embargo, estas prácticas son las que, en muchos casos, pueden contribuir a
producirlas o a revertirlas. Para un abordaje real de la problemática de la
inclusión, es la política educativa la que debiera prever mecanismos
estructurales capaces de alojar y sostener prácticas favorecedoras de
inclusión. En una situación de emergencia educativa como la que señalan las
cifras arriba citadas, esto no puede dejarse librado a la voluntad y capacidades
de los actores particulares, ya sean éstos individuales, institucionales o
jerárquicos.
Las diferentes
instituciones educativas con las que articulamos nuestro trabajo van realizando
un proceso de reflexión sobre sus prácticas y construcción de estrategias que
favorezcan la inclusión real de los niños / as que asisten, e incluso la de
aquellos que dejaron de asistir o (en el caso de los centros comunitarios) de
los que aún no están asistiendo. A continuación, relataremos algunas:
En las
Escuelas públicas:
§
Implementación de un espacio semanal para la capacitación en servicio de los
docentes de primer ciclo. Dicho espacio de capacitación no se
estructura meramente en torno a contenidos, sino que contempla la
reflexión sobre la propia práctica, la conformación de los
docentes en equipos de trabajo, la selección de problemas a
trabajar, la construcción de estrategias para abordarlos y su evaluación
en proceso, el estudio de contenidos teóricos relacionados con el
aprendizaje y la enseñanza en el dominio de la lecto-escritura,
la elaboración de proyectos didácticos y su evaluación en proceso.
De este espacio, los docentes rescatan sobre todo la posibilidad de trabajar en
equipo como un elemento favorecedor de su tarea. Una de las escuelas, que tomó
como eje el problema de la repitencia, en dos años de trabajo ha logrado
disminuirla en un 90% para los niños / as de primer y segundo año de EPB (50
niños / as en 2004, y 5 niños / as en 2005). Esto está
sensiblemente relacionado con las posibilidades que tuvieron los docentes de
pensar sobre sus prácticas
de evaluación,
y de transformarlas de manera que se ajustaran mejor a la enseñanza
proporcionada por ellos y a los procesos de aprendizaje propios y de los chicos
/ as.
§
Articulación
con otros actores de la sociedad civil.
No contamos con cifras que nos permitan evaluar el impacto del trabajo conjunto
de las escuelas con otros actores de la sociedad civil. Sí
podemos dar cuenta de que permite a las escuelas elaborar proyectos mediante los
cuales los chicos / as reciben mayor oferta de actividades posibles, tienen
docentes que se capacitan, cuentan con bibliotecas equipadas, con acceso a la
alfabetización informática, con materiales didácticos, y, sobre todo, con
instituciones educativas que están en un permanente proceso de reflexión sobre
las prácticas pasibles de mejorar su inclusión educativa.
§
Seguimiento de
los niños / as con elevada inasistencia
Este trabajo, de alto impacto en la disminución de la deserción en los Centros
Comunitarios, no ha tenido el mismo efecto en las escuelas públicas. Tres
diferentes escuelas articularon durante 2005 con nuestra ONG en un total de 164
casos de alumnos / as de primer ciclo (además, dos de ellas demandaron
articulación para el trabajo con otros 5 casos no relacionados con problemas de
inasistencia). Los resultados de este trabajo no fueron los deseables ya que
varios factores relacionados con el modo de funcionamiento de las escuelas han
operado como obstaculizadores. Los más destacables son: 1. Lo difuso de las
normativas, que recomiendan la articulación de las escuelas con ONG, pero no
establecen márgenes normativos posibles (¡y flexibles!) para dicha articulación,
lo cual genera profundos temores acerca del encuadre de legalidad que la
contiene, y la deja sujeta a la voluntad de las autoridades jerárquicas y
actores de turno. 2. La lógica de “modelo médico” (atención de “casos”
individuales en los que se deposita la “patología”, con escasa posibilidad de
pensar en el propio contexto escolar como parte integrante de la problemática)
imperante en la manera en que el sistema educativo aborda los problemas que se
recortan en la escuela. Esta lógica lleva necesariamente a un “no dar abasto” de
los Equipos de Orientación Escolar (EOE), pues en una situación de pobreza
estructural casi todos los alumnos / as se constituyen en “casos”. 3. La falta
de información clara y a tiempo sobre la situación de asistencia de los niños /
as, ya que los registros no son utilizados como herramienta para ello en la
cotidianeidad escolar y el “desborde de casos” limita grandemente los tiempos
disponibles para reunirse a reflexionar sobre las prácticas
de intervención
y desarrollarlas. 4. La enorme dificultad de los miembros de los EOE, de los
directivos y de los docentes para sostener espacios formales de reunión
previamente acordados con ellos (dado que, sobre todo en los dos primeros casos,
abundan las “citaciones” y el “afectarlos” a diferentes instancias
administrativas y planes paralelos del sistema educativo, por lo que terminan no
estando en la escuela en los horarios previstos para ello).
§
Oferta
pedagógica alternativa para los alumnos / as.
En la actualidad, si bien la normativa establece que los niños / as de primer
ciclo deben recibir al menos un estímulo semanal de educación física y otro de
educación artística, en las escuelas públicas
de Cuartel V el Estado provee solamente el de educación física. Las escuelas con
las que articulamos han elaborado proyectos con relación a la oferta pedagógica
para sus chicos / as, sumando talleres de recreación, juego, computación, cine,
teatro, folklore y deportes no convencionales. Una de las escuelas ha
desarrollado también un proyecto de grado acelerador para el trabajo específico
con los chicos “con sobre – edad”
y sus familias. Si bien tampoco contamos con datos cuantitativos acerca del
impacto de estas ofertas pedagógicas, si las tomamos como “estudio de caso”
desde una perspectiva cualitativa, podemos aventurar que la participación de los
chicos / as en ellas permite al menos: 1. La posibilidad de encuentro de los
chicos / as con sus propias posibilidades de aprendizaje desde diferentes
ámbitos que les permiten resignificarlas. 2. La participación de los chicos / as
aumenta a medida que el espacio se sostiene en el tiempo, y logran desarrollar
estrategias de trabajo conjunto, exploración y construcción de aprendizajes. 3.
El intercambio entre docentes de diversas áreas o ámbitos les permite contrastar
visiones de cada chico / a en actividades distintas, lo cual ayuda a
desnaturalizar visiones estigmatizadoras y a disminuir la posibilidad de que los
chicos / as queden “atrapados” en rótulos inhibidores de sus aprendizajes.
Señalamos que
el impacto de estas prácticas depende altamente de la posibilidad de que sean
sostenidas en el tiempo. Suponen una lógica de proceso que requiere un
tiempo no menor a tres años de trabajo como parte inicial del proyecto, y al
menos tres más para el cumplimiento de objetivos a largo plazo, pues “el cambio
social es un proceso complejo y por lo tanto necesita consolidación a largo
plazo”.
Parte del proceso implica poder romper con lógicas y prácticas fuertemente
instaladas y poder construir otras que sean alternativas, y transformadoras.
A la luz de
estas prácticas de las escuelas:
Consideramos que, desde una
Política Educativa verdaderamente favorecedora de la inclusión, la Ley de
Educación Nacional debe garantizar horas pagas para que los docentes trabajen
en equipos, y puedan capacitarse en una modalidad formalizada, frecuente y
sostenida que contemple la reflexión sobre su propia práctica como punto de
partida. Una jornada mensual no es suficiente para ello, pues no genera una
continuidad de trabajo colectivo capaz de producir cambios en las prácticas o la
situación de los chicos / as.
Además, es fundamental la inclusión
de los directivos en estos espacios, pues para que el proceso tenga efectos
positivos sobre la inclusión de los chicos / as, debe ser construido,
sostenido y evaluado de forma institucional. La ley debe garantizar
mecanismos estructurales que permitan a los directivos estar involucrados
en estas tareas. Se deberá contemplar, pues, cómo se resuelve la enorme
cantidad de tiempo y esfuerzo que demandan las tareas administrativas.
Disponer de estos espacios, sin
embargo, no garantiza sus efectos positivos. Es fundamental remitirse a la
reflexión sobre las prácticas como único marco pertinente para incluir los
contenidos que se proponen. También es fundamental la puesta a prueba de las
estrategias y conocimientos construidos por los participantes en el mismo marco
de la propia práctica. Es sabido que una capacitación que se limite a lo
teórico, a lo técnico o a lo administrativo no logra efectos sobre los problemas
que intenta atacar.
Lo anterior no puede ir
desvinculado de una fuerte mejora en las condiciones de trabajo docente. Vemos
que se está
abordando el tema del salario. Es necesario también
atender a factores que afectan tanto a docentes como alumnos, atentando contra
la posibilidad de inclusión
real de estos últimos:
las aulas superpobladas, la escasez de materiales didácticos,
la falta de horas pagas para trabajar en equipo y capacitarse en servicio.
Pensamos que todo ello se relaciona con un problema grave que padecen las
escuelas públicas:
los elevados índices
de ausentismo docente (que es motivo de gran enojo para los padres, por la
inmensa cantidad de horas de clase que pierden sus hijos).
Es indispensable que el Estado
garantice la oferta de “materias especiales” prevista para cada ciclo, mediante
la incorporación a las plantas funcionales de las escuelas de profesionales ad
hoc. También
la alfabetización
informática,
herramienta clave de inclusión
en la sociedad actual. Por otro lado, es fundamental formalizar las
posibilidades de proporcionar la oferta de tránsitos alternativos para los
chicos / as que no se ajustan a las “normas” arbitrarias construidas por la
escuela. Si se busca que estos espacios sean eficaces, deben ser necesariamente
construidos junto a los actores institucionales, los padres y los chicos / as de
cada escuela (por oposición a los planes y medidas fragmentarias y de duración
limitada que suelen “pre – fabricarse” por parte del Estado).
En el presente, el sistema
educativo no prevé ni tampoco permite fácilmente la construcción de estos
espacios y prácticas
transformadores. Algunas escuelas pueden implementarlos trabajando en
articulación con otros actores de la sociedad civil. Sin embargo, es importante
señalar que las actuales normativas, si bien recomiendan la articulación con
ONG para abordar las problemática educativas y / u ofrecer diferentes propuestas
pedagógicas a los chicos / as, no sólo no garantizan los mecanismos
estructurales para que esta sea posible con márgenes claros que la sostengan,
sino que por su ambigüedad dejan el campo libre a aquellos que por diferentes
motivos la obstaculizan.
La política
educativa debe garantizar la posibilidad estructural de que las prácticas
transformadoras que proyecten las instituciones se sostengan en el tiempo
(garantizando reglamentaciones flexibles y procesos menos burocratizados que
permitan agilizar la inclusión de diferentes actores en la planta orgánica
funcional de las escuelas, financiación para proyectos transformadores
elaborados participativamente por cada comunidad educativa, personas capacitadas
para acompañarlos y mecanismos pertinentes de evaluación
en proceso, centrada sobre el impacto de las prácticas
sobre el aprendizaje de los chicos / as). En la actualidad, asistimos a la
implementación de proyectos fragmentados, no participativos, aislados, cuya
financiación es escasa y llega a destiempo, y cuya duración es demasiado acotada
como para producir cambios. Esto tiene además el efecto contraproducente de
generar en los diferentes actores la sensación de que este tipo de
emprendimientos está siempre condenada al fracaso, lo cual revierte en la falta
de iniciativas, el desencanto, el descreimiento... y la continuidad de la
situación de exclusión de los chicos / as.
En los
Centros Comunitarios:
§
El eje de las
decisiones y las prácticas son los niños / as.
Es en función de que sus chicos / as “estén mejor” que los equipos de educadoras
de los Centros Comunitarios van revisando y replanteando sus proyectos de
trabajo y sus prácticas. El acento y la mirada están puestos sobre el proceso de
cada niño / a y su familia, sin olvidar que la interacción con los distintos
actores del Centro Comunitario también es parte de ese proceso. Por ello, si
bien existen los proyectos áulicos y los contenidos de enseñanza previstos para
cada salita o cada espacio (por ejemplo talleres o “apoyo escolar”), hay un
ejercicio constante de pensamiento en los chicos / as, que evita que esos
proyectos y contenidos se conviertan en algo más importante que los procesos de
aprendizaje y apropiación que realizan los sujetos.
§
Consulta a los
chicos / as, escucha de sus ideas y opiniones.
Los chicos
/ as son considerados como sujetos de derecho, capaces de opinar y decidir,
dentro de sus posibilidades, acerca de las cosas que los afectan. Es junto a
ellos que se van decidiendo muchas de las prácticas cotidianas de los Centros
Comunitarios.
§
Lo anterior redunda en la posibilidad de tomar decisiones e ir modificando
los proyectos en función del proceso de los chicos / as y las familias. No
existe en los Centros Comunitarios la altísima burocratización de las decisiones
que se observa en la escuela. Esto les permite instalar y probar dispositivos
que se estiman favorecedores de la inclusión real de los chicos / as con gran
flexibilidad.
§
Reflexión
y planificación
conjunta con la comunidad.
Los Centros Comunitarios van buscando las formas de incluir cada vez más
a las familias de sus chicos / as en instancias que permitan ir diseñando
con ellos el proyecto de trabajo. Esto se realiza desde la idea de que, cuanto
más involucradas estén las familias en la institución educativa, mejor podrán
sostener el proceso de sus hijos / as en ella. También desde el intento de
proporcionar a padres e hijos diferentes espacios en los que poder compartir
juegos, aprendizajes, etc.
§
Acompañamiento
cercano a las familias.
Los equipos de educadoras se organizan para realizar visitas domiciliarias y
diseñar estrategias de intervención, especialmente con las familias de los niños
/ as que presentan alto ausentismo o manifiestan algún problema específico. Si
estiman que no pueden abordar solas alguna situación, articulan su trabajo con
otras organizaciones e instituciones del barrio. Siempre trabajan de tal forma
que la familia es parte de la reflexión sobre el problema y de la toma de
decisiones con relación a él.
§
Flexibilidad en
la posibilidad de articular con organizaciones de la sociedad civil y otros
actores sociales que acompañen
sus proyectos.
Las coordinaciones de los Centros Comunitarios operan con una lógica
de diálogo,
tanto al interior de sus equipos como con otros actores de la sociedad civil.
Una lógica
tal permite articular fácil
y creativamente estrategias y proyectos que favorezcan a los chicos / as. Esta
es una valiosa posibilidad que el sistema escolar, a pesar de expresar la
voluntad de incorporarla, no logra generar del todo por su lógica
rígidamente
jerárquica
de obediencia y subordinación.
Durante lo que va del año 2006, los centros comunitarios han logrado disminuir
en una medida auspiciosa las cifras de deserción
y elevada inasistencia relevadas en 2005. De los 507
chicos / as inscriptos sumando el
total de las seis instituciones, han dejado de concurrir solamente 42 (el 8%).
La mayoría de ellos, en las salas de dos y tres años, pues sus padres
consideraron que eran muy pequeños como para insistir demasiado en su
adaptación. Por otro lado, vienen presentando elevadas inasistencias 146 chicos
/ as (el 29%).
En todos los casos se tienen datos acerca de las causas de su inasistencia y se
está realizando un seguimiento mediante visitas domiciliarias y entrevistas con
las familias y los chicos / as.
Estas prácticas
de los centros demuestran la posibilidad real de existencia de instituciones
educativas participativas y abiertas (abiertas en tanto que permeables a que la
comunidad, los saberes, la vida cotidiana en otros
ámbitos,
etc., circulen por sus prácticas
“con pleno derecho”), que en poco tiempo de trabajo logran modificar sus prácticas
y que estas tengan un efecto positivo sobre la disminución
de los problemas más
serios que afectan la posibilidad de inclusión
de sus alumnos. Bajo su luz, pensamos que:
Una
política
educativa verdaderamente inclusiva debe asegurar que en el centro de sus
enunciaciones y de los objetivos del sistema educativo esté
el afán
por mejorar la situación
de los sujetos que atraviesan las instituciones que conforman a este
último.
Ni los contenidos,
ni los
proyectos institucionales, ni la formación docente, ni mucho menos las
normativas pueden seguir rigidizándose a tal punto que se convierten en
prioridades en sí mismas, haciendo perder de vista el propósito manifiesto de
la educación escolar.
Asimismo, una
política que verdaderamente busque mejorar la inclusión educativa, debe
garantizar la posibilidad de mecanismos de participación real que permitan a
chicos / as y familias tomar parte en la planificación y las decisiones
institucionales, y en el abordaje de los problemas que los afectan, según
mecanismos y dispositivos que lo hagan posible. Es fundamental destacar que uno
de esos mecanismos supone generar espacios formalizados y sostenidos en el
tiempo en los que chicos / as, docentes y padres puedan informarse, pensar,
decidir, proyectar y evaluar juntos.
Ejemplos de
este tipo de espacios son las asambleas áulicas, los talleres de planificación
conjunta con los padres sobre temas que a ellos les preocupen con relación a la
educación de sus chicos, etc.
El trabajo
con las familias, especialmente con aquellas que atraviesan situaciones de
precariedad por el motivo que sea, es imprescindible para garantizar una mejora
en la inclusión educativa de los chicos / as. EOEs compuestos por 3
integrantes en escuelas con matrículas de casi 1000 alumnos, y que además muchas
veces se ven obstaculizados en sus intentos de realizar prácticas que
trasciendan el infructuoso “modelo médico”; maestros con más de 25 chicos / as
(a veces hasta 45) por aula; directivos eternamente “afectados” al cumplimiento
de tareas administrativas; dan cuenta de que la lógica actual del sistema
educativo directamente no permite que esto ocurra. Tomando en cuenta el efecto
verdaderamente inclusivo de prácticas como las de los Centros Comunitarios, la
política educativa debiera apuntar a instalar una lógica de la participación,
desde la cual las instituciones educativas pudieran articular con otros actores
de la comunidad (especialmente las propias familias) para
instrumentar esto.
CONCLUSIONES
Se nos impone
señalar que las prácticas que desarrollan los centros comunitarios garantizan a
sus chicos / as la posibilidad de inclusión real y permanencia mucho más que las
que generalmente desarrolla la escuela. Esto es llamativo, si comparamos por
ejemplo la formación que han recibido para ello los actores que operan en uno y
otro tipo de institución. La gran mayoría de las educadoras de los centros
carecen de formación docente específica. Incluso, algunas de ellas se encuentran
dentro de la población en “situación de riesgo educativo”,
que ha sido expulsada del sistema de educación formal antes de terminar la
secundaria (o el polimodal).
Este hecho requiere la consideración de múltiples factores para su análisis,
quisiéramos aquí destacar dos que señalan las diferentes lógicas que subyacen a
nuestra actual política educativa, por un lado; y a los principios de la
educación popular por el otro (corriente con la que se identifican la mayoría de
los centros comunitarios junto a los que trabajamos).
§
Los centros comunitarios orientan sus prácticas de acuerdo a proyectos
institucionales elaborados y acordados con la participación de todo su equipo,
de los chicos / as, de las familias y de otras organizaciones de la sociedad
civil con las que los articulan. Sus acciones tienen una direccionalidad que
apunta directamente a los objetivos que entre todos se han propuesto, y
adquieren sentido en ese marco. Esto tiene el efecto no menor de que las
diferentes prácticas de las que participan los sujetos, los chicos / as
incluidos, son vividas como propias y tienen para ellos un sentido habilitador
del aprendizaje. En la escuela, en cambio, el PEI no pareciera ser una
herramienta consensuada y utilizada por todos, por lo que no favorece cohesión
en los esfuerzos de los diferentes actores. Los proyectos son áulicos, y en
general no remiten a acuerdos entre todos los actores de la “comunidad
educativa” sobre la educación de los chicos / as sino a los criterios y saberes
personales de cada docente. Cuesta la transversalidad, y cada cosa va como por
“carriles paralelos”. Para los chicos / as y las familias, se trata en la
mayoría de los casos de una imposición de sentidos que no les son propios, en
lugar de una construcción conjunta de conocimiento.
§
En los centros comunitarios, los educadores trabajan como equipos y ponen el
acento en la reflexión sobre sus propias prácticas y los efectos que producen.
En la escuela, cada docente trabaja aisladamente y pone el acento en la
evaluación de resultados. El sistema educativo no favorece la reflexión sobre
las propias prácticas, y favorece en cambio capacitaciones de baja calidad que
en general no las transforman, a cambio de puntajes. Las posibilidades y formas
de articulación con otros docentes dependen de la voluntad y ganas de hacerlo,
pero ello no tiene cabida en el cronograma escolar cotidiano. En el caso de las
escuelas cuyos actores tienen estas “ganas” y lo instalan, esto depende de que
alguna otra organización articule con ellas y contribuya con el proyecto
proporcionando recursos humanos y económicos. Pero como no existe normativa al
respecto, el sostén de tales proyectos por parte del sistema es sumamente
frágil, aún en los casos en que se va constatando un efecto favorable sobre la
inclusión real de los chicos / as.
Estas
reflexiones nos llevan a concluir que es fundamental, si verdaderamente se desea
generar “una educación de calidad para una sociedad más justa”, que “garantice
que todos tengan acceso y permanezcan en el sistema educativo”, reflexionar
sobre cuál es el PROYECTO POLÍTICO que subyace. ¿En qué marco cobran sentido
nuestras prácticas? ¿El del mercado y los dictados de los Organismos
Internacionales, o el de un país libre y autónomo, conformado por ciudadanos con
capacidad de pensamiento crítico y con acceso a los diferentes medios que les
permitan construir ese país? La elaboración de una Ley Educativa Nacional habrá
de sustentarse en la decisión política que se haga al respecto.
Tal como señala
Luis Rigal: “La pregunta central para nuestra escuela es profundamente
cualitativa: qué educación para quiénes; pregunta que en la simplicidad
de su enunciación expresa también la complejidad de su abordaje: el qué
nos remite a un modelo de sociedad y al papel de la educación en él; el para
quiénes refiere a la singularidad histórica y cultural de los sujetos de la
educación y al imperativo de atenderlos pedagógicamente de acuerdo a sus
diferentes necesidades e intereses”.
La inclusión
real está muy lejos de ser lograda por la mera extensión de la obligatoriedad.
Además de los contrasentidos en aquellos casos en que se promulga la
obligatoriedad pero no se proveen instituciones físicas en las que cumplir con
ella, recordemos que la obligatoriedad no garantiza los aprendizajes. Constituye
simplemente un mecanismo de control social si no se hace hincapié, insistimos
una vez más, en garantizar lógicas y mecanismos estructurales que permitan
sostener en el tiempo prácticas que incluyan los saberes, opiniones, procesos y
decisiones de los diferentes actores.
Esa lógica,
largamente cultivada por quienes se dedican a la educación popular, es la de la
participación real. Lejos de una participación engañosa como la que propone este
debate sin diagnóstico, ni tiempos suficientes, ni habilitación de todas las
voces; la participación real supone arbitrar la posibilidad de que docentes,
padres, madres, chicos / as, “los que quedaron afuera de la escuela”, etc.,
decidan juntos. Esto supone pasar de “un sistema que baja”
a un “sistema que se piensa y se construye entre todos”. Para ello, hace falta
un dónde pensar juntos. Convertir a la escuela y a las diferentes
instituciones educativas y vinculadas a la educación (de niños, de jóvenes, de
adultos) en una red que constituya ese DÓNDE, plasmado en instancias
formalizadas para ello y normativas que las sostengan, es el gran desafío que
enfrenta una política educativa realmente inclusiva.
Carola Arrúe,
Cristian Consoli, Edgardo Consoli, Silvana Estrada, Soledad Vila.
Equipo del
Proyecto “Escuela para Todos”. Asociación
Civil El Arca.
-
Brusilowsky
S. 2006: Intervención en la mesa central: “La Educación como derecho social:
¿Bien público o mercancía?” el día 5 de mayo en el Foro Mundial de Educación,
Buenos Aires.
-
Duschatzky,
S. y Corea, C. 2002: Chicos en banda. Los caminos de la subjetividad
en el declive de las instituciones. Buenos Aires. Paidos.
-
Elichiry, N.
2001: Reflexiones acerca de la producción de conocimientos y los procesos de
transferencia. En C. Castorina (Comp.) Desarrollos y problemas en
Psicología Genética pp.325 – 356. Buenos Aires. Eudeba.
-
Sirvent, M.
T; Toubes, A.; Llosa, S. y Topasso, P. 2006: Nuevas leyes, viejos problemas en
educación
de jóvenes
y adultos. Aportes para el debate desde una perspectiva de Educación
permanente y Popular. IICE. Facultad de Filosofía
y Letras. UBA
ANEXO 1.
Opiniones de
los chicos / as de primer ciclo de dos escuelas públicas de Cuartel V acerca de
“Qué chicos pueden ir a la escuela”.
Metodología:
En grupos de cuatro a seis chicos / as, se les entregaron fotos en las que
aparecían chicos / as en diversas situaciones (en la calle, con su familia, con
otros chicos / as, etc.) y se les pidió que “adivinaran” o que “pensaran” si
estos chicos iban o no a la escuela. Luego de la discusión de los chicos en
pequeños grupos, se pasó a una discusión en plenario, en la que se puso el
acento sobre por qué pensaban que no iban a la escuela los que les pareció que
no iban; si conocían algún chico que no fuera a la escuela y por qué no iba,
etc.
|
Ir a la
escuela |
Opiniones
de los chicos |
Datos
|
|
-
Obligaciones de los chicos / as |
“Los nenes
no tienen que trabajar, sino que tienen que ir a la escuela”... “Un niño no
tiene que trabajar, los padres deben”.
“Los chicos
tienen que ir a jugar”. |
. Jugar
. Ir a la
escuela
|
|
- Para qué
ir a la escuela |
“Para que
puedan aprender, jugar y crecer”.
“Que nos
enseñen, nos den cariño”. |
. Aprender,
jugar, crecer
. Recibir
enseñanza, cariño. |
|
- Los que
no van a la escuela |
“Hay una
nena cerca de mi casa que no va a la escuela porque le queda lejos”.
“Un nene
que está en silla de ruedas y no puede ir a la escuela porque no puede
pasar”.
“Los nenes
chiquitos no van a la escuela”.
“Un
compañero dejó de venir. Tendría que estar en 5º pero repitió y está en
segundo”.
“Los chicos
pobres no pueden ir a la escuela”.
“El que
está enfermo no viene”.
“El que se
muda”.
“El que
falta mucho lo echan”... “Lo suspenden”.
“El que no
hace la tarea no viene, dijo la seño”. |
. Les queda
lejos
. No pueden
acceder porque no está preparada para ellos
. No tienen
la edad mínima necesaria para ir
. Repiten
. Desertan
. Son
pobres
. Están
enfermos
. Se mudan
. No
cumplen con las exigencias de la escuela |
|
- Por qué
no van los que no van |
“La mamá de
ella no la quiere traer”... “Hay mamás que no los mandan”... ”Nadie los
puede traer si los dos papás trabajan”... “Hay una nena cerca de mi casa que
no va a la escuela porque le queda lejos”.
“Un nene
que está en silla de ruedas y no puede ir a la escuela porque no puede
pasar”.
“Tienen
miedo de mandarlos solos porque encontraron un nene desnudo y golpeado”.
“Los nenes
chiquitos van al jardín”.
“Se portaba
mal y le pegaba a los compañeros”.
“No tienen
plata para pagar”... “Son pobres y no tienen nada”... “Su papá no trabaja y
no tienen para comer ni para comprar ropa para venir a la escuela”...”Los
nenes pobres no pueden ir porque no tienen plata para comprar guardapolvo,
mochila”.
“No tienen
zapatillas”.
“Trabajan
en vez de estar en la escuela”.
“El que
falta mucho lo echan”... “Lo suspenden”.
“El que no
hace la tarea no viene, dijo la seño”. |
. Los papás
no los llevan
. Distancia
. No está
previsto el acceso para personas con movilidad reducida
. Mala
conducta
. Pobreza:
Falta de ropa y calzado
. Pobreza:
Falta de útiles
. Trabajo
infantil
. Sanciones
escolares |
|
- Qué hace
falta para poder ir a la escuela |
“Vengo
porque mi mamá me trae”.
“Zapatillas
y guardapolvo, mochila y cartuchera”.
“Pueden ir
si le compran la mochila y los útiles (que los papás trabajen: se pueden
juntar botellas, basura...)”. |
. Padres
(adultos) que los lleven
. Ropa,
calzado y útiles |
ANEXO 2
Opiniones de los chicos / as de dos
escuelas públicas
de Cuartel V acerca de “Una escuela a la que todos / as los chicos /as puedan
ir”.
Metodología:
La
segunda dinámica propuesta a los chicos / as apuntaba a relevar sus opiniones
acerca de la “escuela inclusiva”, de cómo tendría que ser la escuela para que
todos los chicos / as pudieran estar incluidos. Se les entregó a los mismos
grupos de trabajo un afiche, con la consigna de que dibujaran “cómo sería la
escuela para que todos los chicos puedan ir”, o “cómo les gustaría que fuera la
escuela”, o “cómo sería la escuela ideal”. A medida que los chicos / as
dibujaban, se les preguntaba sobre la producción que estaban realizando.
|
Cómo les
gustaría que fuera la escuela (para que todos los chicos / as puedan ir) |
Opiniones
de los chicos, verbalizadas o representadas gráficamente |
Datos
(representaciones de los chicos / as sobre la escuela a la que poder ir) |
|
El dibujo
de la escuela |
En la
inmensa mayoría de los dibujos el edificio de la escuela es representado
mediante un rectángulo al que se le agregan puertas (cerradas, en todos los
casos) y ventanas (en la mayoría de los casos, con rejas). La gran mayoría
dibujan los tanques de agua en el techo, similares a los que tienen las
escuelas a las que asisten. Algunos dibujan un edificio “estilo casa”.
Todos
incluyen una bandera en el dibujo.
Alrededor
de este edificio muchos agregan flores, árboles, juegos, canchas de fútbol o
(en tres casos) de tenis.
Algunos
representan personas alrededor de este edificio, aunque no todos.
Algunos
utilizan transparencias y representan lo que ocurre dentro del aula.
“Una
escuela de dos pisos... que sea más grande para que puedan venir más
chicos”. |
. Las
escuelas son edificios cerrados y enrejados.
. (En menor
medida): las escuelas son edificios en los que hay aulas en las que se hacen
cosas
. Les
gustaría que los edificios escolares tuvieran en sus patios y alrededores
plantas y juegos, canchas de fútbol o tenis.
. Las
escuelas tienen banderas.
. La
posibilidad de que asistan más chicos depende del tamaño del edificio
|
|
La
infraestructura (qué hay en la escuela) |
“Museo de
dinosaurios”
Kiosco
Ventiladores
Baños
limpios
Ventanas
limpias
Sillas,
mesas
Biblioteca
Televisión
Video
Computadora
Adornos
Juguetes
Un patio
con juegos, un patio más grande... una cancha pintada en el patio.
Cancha de
fútbol
Árboles,
flores
Cancha de
tenis
Letras y
números (En pocos dibujos)
Botiquín
Animales
“Con pasto
en vez de barro en el patio”.
“Tiene que
ser linda para que los chicos vengan a estudiar”.
“Que haya
más útiles”.
“Tiene que
estar preparada para chicos inválidos”.
“Con música
para escuchar rock”.
“Un lugar
para los nenes hippies”. |
. Museos,
bibliotecas, televisión, computadora, juguetes, animales: espacios
vinculados con la posibilidad de investigación y exploración de acuerdo al
interés de los chicos / as.
.
Infraestructura edilicia que torne agradable al ambiente (ventiladores,
mesas, sillas, adornos, pasto, árboles, flores)
. Espacios
destinados al juego y el esparcimiento (canchas, patios con plantas,
televisión, música, video, juguetes)
. Kiosco
.
Contenidos de aprendizaje
.
Previsiones por si alguno se lastima
. Abierta a
la diversidad: Previsiones para el acceso de chicos / as con necesidades
especiales, con lugar para “nenes hippies”.
. Con los
materiales necesarios para el trabajo escolar (útiles).
. Espacios
vinculados al contacto con la naturaleza (animales, árboles, flores...) |
|
Relaciones
maestra / o – niños / as |
En algunos
(pocos) dibujos aparecen representados maestra y alumnos. En esos casos, la
maestra está de pie frente al pizarrón o al lado de él, o sentada en el
escritorio.
En las
verbalizaciones (se les preguntó cómo era la maestra de la escuela dibujada)
aparecen más referencias a las maestras:
“La maestra
es buena, no grita”.
“Ayuda a
una señora a hacer la reunión”.
“Ayuda a
los chicos a trabajar en equipo”.
“La maestra
sabe escribir, escribe en cursiva”.
“Ayuda a
los chicos a escribir”.
“Que le
hagan caso a la seño”.
“Hay
maestras buenas que se preocupan que estudien, de lo que nos pasa...”
“Las
maestras son malas: gritan cuando nos portamos mal, nos ponen mala nota
cuando no estudiamos, se enojan cuando nos peleamos o no hacemos la tarea”. |
. Las
maestras son un “ente separado” de los chicos / as.
. Aparecen
vinculadas a elementos asociados a su rol: pizarrón, escritorio.
. Las
maestras buenas no gritan.
. Las
maestras ayudan a los chicos a escribir, a trabajar en equipo.
. Las
maestras ayudan a gente de la comunidad a hacer reuniones.
. Las
maestras se preocupan de lo que les pasa a los chicos.
. Las
maestras saben escribir.
. Los
chicos / as deben obedecer a la maestra.
. Las
maestras “malas” gritan, sancionan, se enojan. |
|
Relaciones
entre compañeros / as |
En la
mayoría de los dibujos en los que aparecen niños / as representados, no se
observan relaciones entre ellos. Son graficados por fuera del edificio
escolar, parados, izando la bandera, o en hileras de frente a quien mira el
dibujo. En los casos en que están en las aulas, aparecen enfrentados
compartiendo una mesa, o bien en bancos de a uno, cada uno con su cuaderno.
En las
verbalizaciones hay mayores referencias a la interacción entre los
compañeros / as:
“Que no se
peleen”.
“Que no se
peguen”.
“Que no
digan malas palabras”.
“Los
compañeros se ayudan”.
“Los
compañeros se cuidan las cosas”. |
. La
escuela promueve cierta interacción con formas particulares de trabajo con
contenidos (expresadas en los cuadernos y los pizarrones), más que con las
personas (especialmente otros niños / as)
. Aparece
vinculado a las relaciones entre compañeros / as el cumplimiento de normas
básicas de convivencia (no pegar, no pelear, no insultar).
. Aparecen
relaciones de ayuda mutua.
. Aparecen
relaciones de solidaridad (se cuidan las cosas). |
|
Qué se hace
en la escuela |
En las
representaciones gráficas en que aparecen personas, éstas están:
-
paradas
(maestra) o sentadas (maestra o alumnos / as) en el aula
-
paradas
afuera del edificio – escuela
En algunos
dibujos los alumnos tienen cuadernos que dicen (o el pizarrón dice): “Día...
Mi nombre es... Mi seño es...”
En pocos
dibujos, aparecen dibujados “afuera” de edificio:
-
jugando (en
un caso, en la plaza contigua)
-
izando la
bandera
En un
dibujo, aparecen representados “adentro” del edificio dos personas tocando
instrumentos musicales.
En las
verbalizaciones y producciones escritas aparecen referencias a lo que se
hace o les gustaría hacer en la escuela:
“A mí me
gustaría divertirme mucho”
“Todos
estamos para aprender”
“A los
nenes les gusta mucho trabajar”.
“Los nenes
juegan en el recreo”.
“Te
enseñan”.
“Es linda
porque tomo la leche”... “Dan mate cocido, mermelada”... “Que den yogurt con
cereales”... |
. Dentro de
la escuela se trabaja, sin interactuar casi.
. El
trabajo escolar es algo que debe gustar a los chicos / as.
. Fuera de
la escuela se juega.
. En la
escuela hay un tiempo previsto para jugar: recreo.
. Podrían
tocarse instrumentos.
. Les
gustaría que la escuela fuera un lugar en el que divertirse.
. A la
escuela se viene a aprender.
. Aprender
en la escuela es hacerlo de una forma particular (con cuadernos, de acuerdo
a determinado formato, “Trabajando”).
. En la
escuela enseñan.
. En la
escuela dan de comer (les gustaría que fuesen cosas que a ellos les gustan) |
|
Quiénes
están en la escuela |
En la
mayoría de los dibujos en los que aparecen personas son chicos / as o
maestras.
En un
dibujo aparece una mamá, aparentemente en su casa. En otro, “hombres que
trabajan con un carro para comprarles cosas a sus hijos”.
En una
verbalización, “la maestra ayuda a una señora a hacer la reunión”.
|
. Chicos /
as
. Maestras
/ os
. Una
señora que hace una reunión.
. Los
padres aparecen vinculados a la escuela de forma “periférica”, y en solo dos
casos. |
ANEXO 3
.
Descomposición del dato de los chicos / as que dejaron de concurrir en seis
centros comunitarios de Cuartel V durante 2005 y entre marzo y julio de 2006,
según causa ello. Datos construidos por los equipos de educadoras de estos
Centros Comunitarios y miembros del equipo del proyecto “Escuela para todos” con
los que articulan sus proyectos. Nótese la disminución de la cantidad de niños
que dejan de concurrir en general, y en particular de la disponibilidad de datos
acerca de las causas. Se atribuye esta mejora en la inclusión de los chicos / as
al trabajo sostenido de seguimiento y reflexión sobre las propias prácticas que
realizan las educadoras de los centros.
Año
|
2005 |
2006
(marzo a julio) |
|
Matrícula
total de los seis centros |
547 chicos
/ as |
507 niños /
as |
|
Chicos que
dejaron de concurrir |
142 chicos
/ as |
42 chicos /
as |
|
Causas |
Se
desconoce la causa |
83 niños / as (58,45 %) |
10 chicos
/as (23%) |
|
No se
adaptaron |
16 niños / as (11,26 %) |
4 chicos /
as (9,52%) |
|
La familia
decidió dejar de llevarlos |
14 niños / as (9,85 %) |
21 chicos
/as (50%) |
|
Falta de un
referente adulto que pueda ocuparse de llevar y / o retirar a los chicos /
as |
15 niños / as (10,56 %) |
3 chicos /
as (7,14%) |
|
Problemas
de salud |
10 niños / as (7%) |
3 chicos /
as (7,14%) |
|
Problemas
familiares |
4 niños / as (2,81%) |
_ |
|
Se anotó
pero no concurrió |
_ |
1chico / a
(2,38%) |
ANEXO 4
. Descomposición del dato de con
elevada inasistencia (8 o más faltas en un mes) sobre la matrícula de 2005 y de
marzo a julio de 2006 en seis centros comunitarios de Cuartel V; según las
causas de ésta. Datos construidos por los equipos de educadoras de estos Centros
Comunitarios y miembros del equipo del proyecto “Escuela para todos” con los que
articulan sus proyectos. Nótese la disminución de la cantidad de niños que dejan
de concurrir en general, y en particular de la disponibilidad de datos acerca de
las causas. Se atribuye esta mejora en la inclusión de los chicos / as al
trabajo sostenido de seguimiento y reflexión sobre las propias prácticas que
realizan las educadoras de los centros.
Año
|
2005 |
2006
(marzo a julio) |
|
Matrícula
total de los seis centros |
547 chicos
/ as |
507 niños /
as |
|
Chicos que
tuvieron asistencia irregular (8 o más faltas en un mes) |
167 chicos
/ as |
146 chicos
/ as |
|
Causas |
Se
desconoce la causa |
20 chicos / as (11,97%) |
5 chicos /
as (3,42 %) |
|
No se
adaptaron |
_ |
1 chico / a
(0,68 %) |
|
La familia
decidió dejar de llevarlos |
11 chicos / as (6,58 %) |
11 chicos /
as (7,53%) |
|
Falta de un
referente adulto que pueda ocuparse de llevar y / o retirar a los chicos /
as |
44 chicos / as (26,34 %) |
43 chicos /
as (29,45 %) |
|
Problemas
de salud (bronquiales) |
83 chicos / as (47,70 %) |
73 chicos /
as (50%) |
|
Problemas
familiares |
9 chicos / as (5,38 %) |
10 chicos /
as (6,84 %) |
|
Falta de
calzado |
_ |
3 chicos /
as (2 %) |
|