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La editorial
Nuestra América reedita LOS QUE LUCHAN Y LOS QUE LLORAN ,
una de las crónicas
mas famosas de la revolución cubana
El libro de 286
páginas incluye un CD con las entrevistas que Jorge Ricardo
Masetti realizara a
Fidel Castro y al Che en Sierra maestra. También se han incluido en esta edición
algunos textos periodísticos, la carta al presidente Illía , el Mensaje a los
campesinos y la Carta de despedida que dejara para sus hijos.
"... Guevara siguió diciendo-
cuando llegamos nos deshicieron, en
total de 82 solo quedábamos con Fidel 12, eso era lo que quedaba del ambicioso
ejercito invasor del movimiento 26 de Julio- y lanzó una corta carcajada al
recordar.- Que
tipo,
este Fidel. Vos sabes que
aprovechó el ruido de la metralla para ponerse de pie y decirnos:"Oigan
como nos tiran, están aterrorizados" J.R.Masetti.
Jorge Ricardo Masetti
Nace el 31 de mayo de 1929
en Avellaneda. Sus padres son José Reinaldo y María Blanco y sus hermanos
Reinaldo, mayor que él, y Edgardo el menor de los tres.
A los 13 años se incorpora
a la escuela de Artes Gráficas y Publicidad Nº 15 en el barrio de Barracas,
donde se da su primer acercamiento al mundo de la prensa. Comienza a trabajar a
los 15 años como cadete en el diario El Laborista.
Su primera vinculación con
la política es a través del nacionalismo con marcado acento antiimperialista, es
así que ingresa a la Alianza Libertadora Nacionalista en el año 1945, en la que
también militaba Rodolfo Walsh; abandona las filas de la misma, cuando ésta toma
un carácter pro norteamericano
En el año ‘47, hace sus
primeros trabajos como cronista de informaciones generales en el diario Tribuna.
Un año después colabora en el diario La Época, y luego en Noticias Gráficas,
Democracia y El Mundo. Llega a tener a su cargo la sección política
internacional del noticiero de radio El Mundo y a ser redactor de noticias en el
Canal 7; entre 1953 y 1954 dirige un diario en Tandil. En ese último año
dirigirá también, la Revista de la Asociación de Docentes Argentinos durante
seis meses.
Trabaja en Radio Excelsior
adaptando cuentos clásicos. También hace su paso por la Organización Latina de
Noticias. Pocos meses antes del golpe militar de 1955, dirige Cara y Ceca, una
revista que es su primer emprendimiento independiente.
Entre 1949 y 1953, publica
algunos cuentos en el suplemento literario del diario La prensa, y también
algunas notas en el diario Clarín.
Su producción más
importante es un monólogo para teatro llamado “La Noche se prolonga”, que se
estrena el 9 de enero de 1959 en Buenos Aires.
Terminado su servicio
militar, a los 21 años, se casa con Clelia Dora Jury el 31 de julio de 1952 con
quien tiene dos hijos Graciela y Jorge.
En el año 1958 viaja a
Cuba, enviado por Radio El Mundo, a entrevistar a Fidel y al Che en la Sierra
Maestra. Producto de estas entrevistas edita el libro “Los que luchan y los que
lloran. El Fidel Castro que yo vi”, donde relata la lucha del pueblo cubano en
contra de la dictadura de Fulgencio Batista.
En enero del 1959 regresa a
Cuba junto a su mujer y sus hijos, invitado por el Che. Participa de la
“Operación Verdad”. Funda y dirige en junio del mismo año, Prensa Latina,
primera agencia independiente de noticias que se plantea romper con el monopolio
de la información. “Somos objetivos pero no imparciales, porque no se puede
permanecer imparcial entre el bien y el mal…” decía Masetti.
Logró que colaboraran en
ella lo mejor de la intelectualidad de la época, Jean Paul Sartre, Simone de
Beauvoir, Waldo Frank, Wright Mills, Gabriel García Márquez, Rodolfo Walsh, Paco
Urondo, Juan Carlos Onetti, entre muchos otros.
A mediados del ´60 se aleja
de su esposa y se une a su secretaria Concepción Dumois con quien tiene una
hija, Laura.
A comienzos del 61 producto
de luchas internas renuncia a la dirección de Prensa Latina.
Durante la invasión a Playa
Girón, a pedido de Fidel, regresa momentáneamente a la dirección de la agencia.
Participa posteriormente de los interrogatorios a los mercenarios.
A partir de su alejamiento
de Prensa Latina, su puesto de lucha va a estar íntimamente relacionado a los
planes revolucionarios del Che.
Partirá a Argelia, desde
fines del 1961 hasta los primeros meses del ’62, donde colabora con el Frente de
Liberación Nacional Argelino, acumulando experiencias que lo van a ir formando
como futuro jefe guerrillero.
Promediando el año 1963
Masetti será el “Comandante Segundo” al frente del Ejército Guerrillero del
Pueblo (EGP) que actuará en Salta en el norte argentino. El grupo guerrillero
es infiltrado y posteriormente derrotado.
Masetti desaparece, su
cuerpo no ha sido encontrado. Se toma como fecha de su desaparición el 21 de
abril de 1964. Tenía 34 años.
Palabras
pronunciadas por Mara Morado, nieta de Jorge Ricardo Masetti, en la Feria del
Libro de Buenos Aires, en Abril de 2006 con motivo de la presentación de
“Los que luchan y los que lloran.
Quiero expresar
la inmensa alegría que sentimos mi familia y yo al estar aquí, compartiendo la
presentación de este libro. Nuestra profunda alegría es debido a las
características singulares de esta edición, en la cual nos encontramos no con el
personaje biografiado, concluido, perfectamente objetivado sino con el autor.
Mi abuelo,
Masetti, es el autor, ninguna palabra que encontremos en este libro, es ajena a
su conciencia, a sus intereses. Esto nos ofrece la posibilidad de comunicarnos.
Entablar un diálogo con él en el cual se generen nuevos sentidos, las ideas,
desprendidas de sus voces, encerradas en una única conciencia, inevitablemente
degeneran, mueren. El sentido, inconcluso, se renueva en el encuentro de dos
horizontes diversos, comprometidos, implicados.
Es por ello,
que no se trata de comprender la voz de mi abuelo a partir de su época, tampoco
de explicarla exclusivamente desde las condiciones de nuestro tiempo inmediato.
Una voz jamás se reduce a las circunstancias de una época, eso sería olvidarla,
encerrarla de modo indiferenciado sin advertirla, perdiéndola.
Algo similar
ocurre si la explicamos desde las condiciones de nuestro tiempo, ya que
perdemos la posibilidad de ampliar nuestra propia mirada, no recuperamos su voz,
puesto que la concluimos desde explicaciones por completo ajenas a él,
extereorizantes.
Este
encuentro exige, para ser productivo, nuestra imaginación, ella nos permite
penetrar en un sentido profundo; en la lectura de su crónica periodística
podemos imaginar, recrear su experiencia. La imaginación de su tiempo, su
mirada, nos permite separarnos de la constancia habitual de aquello que
entendemos como nuestro propio presente, para imprimirle al mismo, una
nueva fuerza, aquella que nos ofrece su voz.
He observado
muchas veces una foto en la que mi abuelo ve al Che, es una mirada dulce, de
admiración tierna.
Imagino a mi
abuelo y al Che conversando mucho, en la noche. ¿Qué dicen?, ¿Cuáles son las
palabras que no alcanzo a escuchar?, ¿Cuál es el sentido implícito, profundo,
que compartían y no necesitaba ser dicho?
Quiero saber
del mundo en que mi abuelo y el Che existían. Se que eran muy amigos, que se
reunían a la noche en su despacho de Prensa Latina, y que era frecuente ver a la
guardia personal del Che apostada allí, aguardando.
Al leer la crónica
“Los que luchan y los que lloran”, se advierte, que el único diálogo en el que
la voz de mi abuelo no aparece precedida por un guión, es en un diálogo que
sostiene con el Che. Su voz aparece entre puntos suspensivos, acaso remarcando
el carácter inconcluso e incompleto del diálogo referido y el lazo que surgió
entre ellos.
Señala
Masetti “A
poco de hablar nos dimos cuenta que coincidíamos en muchas cosas y que no éramos
sujetos peligrosos”.
Nosotros, hoy, somos completamente ajenos a sus conciencias. Nos desconocen.
Pienso que la crónica “Los que luchan y los que lloran” permite un acercamiento
a la figura de mi abuelo, ya que es el relato de acciones en las que se incluye.
El hecho de que no esté borrada su huella, y que esté escrita en primera
persona, nos permite advertir el compromiso, la responsabilidad ante cada una de
sus afirmaciones. Podemos percibir su mirada, su forma de sentir.
El relato de su experiencia no es retenido por él como memoria involuntaria, no
es el resultado de la neutralización, o naturalización de los acontecimientos
que narra, sino que se responsabiliza al no dejar desaparecer su huella, su
mirada. Es por ello que su memoria, contenida en este libro, es productiva, no
tiene un carácter involuntario, no le es ajena, no es acumulación inconexa, no
son consignas vaciadas de sentido propio. Su experiencia revolucionaria se aloja
en su memoria, en forma productiva, afirma su ser, su posición en el mundo, su
acción revolucionaria, su deseo y decisión de emprender el proyecto de una
agencia de noticias latinoamericana independiente de los monopolios
informativos.
Esta edición,
nos ofrece la posibilidad de encontrarnos en diálogo frente a frente con Masetti,
y no que lo observemos tranquilos y distantes, como si él se encontrase en
relación a nosotros de perfil, concluido como una imagen, perdiendo así la
posibilidad del encuentro con su mirada.
Nuestra
memoria, en ese caso, no se tornaría productiva, no hay experiencia posible sino
hay comunicación. Se trata de encontrarnos con quien nos interesa, de quien
esperamos algo, hay allí una aproximación activa, que nos implica y nos hace
ser.
Es en la
comunicación con alguien que nos interesa que generamos y recreamos el sentido
que nos constituye.
Espero, que
en el encuentro con la voz de mi abuelo haya una mirada que los convoque, los
atraiga. Se trata de recuperar el corazón que hacía ser a las ideas, el
horizonte de conciencia de un hombre revolucionario. Nos separa un tiempo
indiferente, nos separa su muerte, nos separa una cultura ensimismada,
repetitiva, que subestima cualquier fuerza que le sea ajena. El encuentro que
posibilita esta edición se ve constreñido por las formas predominantes en que
nos relacionamos con nuestro pasado. En el reciente 24 de Marzo, la opinión
pública, se refería en general a los desaparecidos como 30.000, y de nuestro
lado como una masividad, el valor de nuestra acción estaba dado por su
carácter masivo. El valor de la memoria estaba respaldado por una cantidad.
Entre la masividad y los 30.000 no se produce un encuentro, sino la reproducción
de un vacío, no hay voces, no hay reconocimiento, así proliferan los slogans que
son reiterados, una y otra vez. La memoria es aquí involuntaria, ya que su
sentido y su fuerza radican en algo que nos es ajeno.
No se
trata tampoco de recuperar voces, y sostener una pluralidad en la que la
renovación de sentidos pase por la sumatoria de voces sino de lograr a partir de
ellas una comprensión objetiva. No se trata de uno más que se añade en una línea
de recuperación que no espera nada de aquello que recupera y que sólo concibe la
tarea de asimilación histórica como ciego afianzamiento de quienes ya
somos. No se trata tampoco de un criticismo inmóvil, siempre igual a si mismo.
Recordar es
pensar.
Lo dotado
de recuerdo, es aquello que nos interesa. Y pienso en mi abuelo que murió en el
año 1964, en las tergiversaciones, oportunismos, ocultamientos en los que se ha
incurrido al narrar su historia, alejándolo, desterrándolo.
Creo que
esta edición ofrece la posibilidad de que ustedes mismos lo conozcan. Es por
ello que no he querido contarles con estas palabras quien es mi abuelo para mí.
Si podría comentarles el lugar difícil que ha ocupado en la historia, dicha
dificultad no radica en su propia persona sino en la forma en que esta es
reconstruida.
Es curioso
observar como a lo largo de los años a veces es objeto de halagos y detracciones
por una misma persona en actitud claramente oportunista adjetivando a mi abuelo
de personalidad suicida para en tiempos más recientes describir su carácter
revolucionario.
Se lo suele
encerrar en un perfil previamente delineado, el aventurero, el suicida,
mesiánico, de conducta omnipotente. ¿Cómo se le puede ocurrir a alguien
internarse en la selva, en condiciones inhóspitas, salvajes? ¡Cuánta falta de
previsibilidad! ¡Cuánta omnipotencia!
Me he
preguntado varias veces porqué la idea de vanguardia es tan aceptada en otros
ámbitos, como por ejemplo el ámbito artístico y tan estigmatizada en las luchas
políticas, será, tal vez, porque el arte ha sido ubicado, en general, en un
lugar en el que permanece completamente ajeno a la vida cotidiana, incapaz de
generar un movimiento más amplio.
Se ha
convertido en lugar común la idea de una vanguardia iluminada, que no comprende
la necesidad de crear condiciones, de contar con un apoyo popular masivo. Me
pregunto si tanta ingenuidad es posible, o si se trata de antemano, de la simple
negación de un proyecto político.
El silencio
carga con toda la responsabilidad.
¿Cuál es
nuestro propio horizonte? ¿Qué nos interesa?
Su voz
hoy tiene la posibilidad de encontrarse con otras, ajenas a su conciencia, la
suya permanece, persiste, aguarda. Su sentido es inconcluso, exige nuestra
imaginación, demanda nuestra actividad para renovarse.
Me alegra pensar que la voz de mi abuelo tiene hoy esa posibilidad.
Mara Morado.
Agradecemos a
Graciela Masetti y Mara Morado por los textos y las fotos facilitados para esta
nota.
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