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Párrafos interruptus
Publicado el 4 de Julio de 2008
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¿No era que no se leía nada?

De lunes a viernes a las 0.30, Hugo Paredero comparte por Radio Nacional un texto y el público descubre de
qué libro y autor se trata.

El programa se llama Párrafos interruptus y es un juego literario en el que Hugo Paredero lee un cuento, poesía o novela y los oyentes tienen que descubrir nombre de texto y autor. Quien acierta interrumpe al periodista en el aire y se gana el libro. Algunos jugadores están muy entrenados. En algún edificio de Buenos Aires, el encargado de seguridad Marcelo Perenchio, el hombre que más veces acertó el libro, se apresta para un desafío. Todas las noches, enfrenta a dos duros rivales, muy bien formados, que tal vez no tengan un físico fornido ni preparado para la alta competencia pero sí muchas lecturas. María Suárez es ama de casa y Fernando Terreno ingeniero y luchan todas las noches por alcanzar a Perenchio en la cima de la virtual tabla de posiciones.
Crítica de la Argentina pasó una noche en el estudio para ver de cerca la mecánica del juego más literario de la radio argentina. Lo primero que dijo Hugo Paredero fue: “No vaya a ser que justo hoy

no me interrumpa nadie”, casi llamando al fantasma de la desilusión. La jugada era arriesgada: leyó Todo eso, de Paco Urondo, de 1966, que no se consigue en las librerías. A las 0 horas y 40 minutos, Paredero repasó las reglas del juego e inició la lectura. Los primeros minutos fueron lentos, Rodrigo Lammardo, el productor que atiende el teléfono, podía seguir el relato con atención

porque no tenía trabajo. Nadie llamaba. Sin embargo, a las 00. 46 el teléfono empezó a sonar y ya no pararía. Los que en un primer momento habían decidido no ocupar los teléfonos para que tuvieran espacio quienes realmente conocieran las respuestas, se dieron cuenta de que de tan solidarios habían producido el extraño fenómeno de los teléfonos silenciosos. Así Rodrigo empezó a escuchar los más diversos nombres. Un hombre, en un ataque de sagacidad, dedujo que como Crítica de la Argentina estaba presente en el estudio, debían de estar leyendo un cuento de su director, Lanata. Perenchio llamó dos veces y la cara del productor se iluminó en forma de ilusión;

pero parece que el encargado de seguridad, además de ser un gran lector, es un hombre que también arriesga. Como Paredero nunca repite a los autores, los oyentes creen a menudo que ya es hora de que lea a su autor favorito. Por eso cinco personas diferentes contestaron: Saer,
Saer, uno de los pocos grandes nombres no leído todavía. Pero la principal queja de los oyentes no es la ausencia del escritor santafesino, sino que Paredero no siga leyendo después de ser interrumpido y los deje con la sensación, todas las noches, de escuchar un texto de Raymond Carver. En el cuento de Urondo un personaje preguntó la hora y el interrogante se trasladó a la realidad. Más precisamente, hacia las agujas del reloj del estudio, que recibía inmutable las preocupantes miradas de todos los presentes.
Birmajer, Sasturain, Mario Levrero, Fray Mocho, Blastein, arriesgaban los radioescuchas. Cuatro minutos antes de la una, le llegó el turno a la primera publicidad del programa y Paredero les rogó a los productores que robasen unos segundos de tanda, de noticiero o de lo que fuera. Aún no había perdido las esperanzas, a pesar de que sólo con César Aira, a quien de tan prolífico no lo podían reconocer, habían demorado tanto tiempo en acertar, a algunos otros pocos –un 2% - directamente no los adivinó nadie –y la desilusión reinaba en el estudio. Sólo quedaba un minuto y 30 segundos, así que Paredero continuó directamente con la lectura. A los 20 segundos, Rodrigo entró sigilosamente al área de transmisión y demostró que por más que avance la tecnología, la escritura a mano siempre va a ser necesaria: como no podía hablar, ni Hugo lo podía escuchar, le arrojó un papelito que decía: “Adivinaron autor, pero no el libro”. Todo parecía perdido. Pero en el mismo segundo en que debía empezar el noticiero, una tal Ana Maciel interrumpió el párrafo y contó que sabía desde el comienzo cuál era el libro pero que no se acordaba del teléfono. Nos hubiéramos perdido toda la adrenalina. No hubo tiempo para más.
Todos se fueron a dormir con el convencimiento de que todavía hay quien lee a Paco Urondo.

 

Teléfono de Radio Nacional: 43259100

Fuente:

Critica de la Argentina, domingo 15 de junio de 2008, página 30

 

 

 
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